Por
“genocidio”, Raphael Lemkin entiende la destrucción de una nación o un
grupo étnico. El genocidio se dirige contra el grupo nacional como una
entidad, y las acciones involucradas se dirigen contra los
individuos, que pertenecen a dichos grupos. El genocidio tiene dos etapas: una, la destrucción del
patrón nacional del grupo oprimido; la otra, la imposición
del patrón nacional del opresor. El genocidio se dirige
contra el grupo nacional como una entidad, y las acciones
involucradas se dirigen contra los individuos, no en su
capacidad de individuos, sino como miembros del grupo
nacional. En este aspecto, el genocidio es una nueva
técnica de ocupación que apunta a ganar la paz incluso a
pesar de que se haya perdido la guerra.
Los cambios fueron los siguientes: La definición original de 1944 creada
por Lemkin incluía tanto los grupos
políticos como la dimensión cultural para el crimen de genocidio. La
definición del año 1948 por la Convención de la ONU decía que se entiende por genocidio cualquiera
de los actos mencionados a
continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o
parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
a)
Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o
mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo
a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física,
total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno
del grupo; e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.
Podemos ver como se profundizaba el concepto incluyendo el odio racial,
religioso, étnico y la inclusión de los niños.
Esta definición se volvió un arma de doble filo ya que al definir qué es considerado genocidio
enmarcó muchos delos crímenes más crueles de la humanidad que de esta
forma fueron castigados. Por ejemplo del cambio conceptual de 1944 a
1948, el holocausto judío puede definirse como genocidio cuando antes no
podía definirse como tal. Pero por otro lado al
quitarse el concepto de “cultural” propuesto por Lemkin, quedaron fuera diferentes
sucesos históricos como por ejemplo la Campaña del Desierto en
Argentina, con el "exterminio de la Barbarie"
Para el análisis de este concepto, nos propusimos comprender el texto “Eichmann en Jerusalén: un informe sobre la
banalidad del mal.” de Hannah Arendt (1963)
Hannah Arendt busca desmitificar la idea de que Eichmann era un monstruo o un
loco por su participación en el genocidio judío, sino que por el
contrario era un hombre “de carne y hueso” preocupado profundamente por
el cumplimiento de su deber. Esto para nada exime de culpa al acusado,
pero la autora lo que hace es reflexionar desde el punto de vista
filosófico sobre cómo un hombre llega a no poder discernir lo bueno de
malo en ese cumplimiento del deber.
Afirma
Arendt que bien hubiera podido alejarse de sus funciones, ya que esto, a
diferencia de lo que comúnmente se cree, no ocasionó riesgo de vida en
los oficiales nazi, aunque sí traslados o apartamiento de sus
funciones.
La
idea central de estos primeros capítulos es reflexionar sobre cómo una
persona lleva al límite la obediencia hasta no poder discernir lo que
está bien de lo que está mal, razón que explica el título de su libro:
“la banalización del mal”. Según el relato Eichmann no tenía ningún
problema mental (revisado por 6 psicólogos), no tenía un fuerte
sentimiento antisemita, ni era un fanático nacionalista, lo que lleva a
Hanna Arendt a cuestionar los límites éticos de su accionar: “Los
magistrados, en especial el presidente del tribunal, formularon una y
otra vez una pregunta más, que quizá sea la que mayor inquietud produce:
¿la matanza de judíos era contraria a la conciencia de Eichmann? Pero
esta es una cuestión de orden moral, por lo que probablemente carecía de
trascendencia jurídica”. (Arendt, Hannah (1963, página 57)